martes, 10 de abril de 2018

Reforma en el hogar para ser más eficiente


En muchas ocasiones anteriores os hemos hablado en este mismo blog sobre la etiqueta energética o cómo mejorar la eficiencia energética en nuestras casas gracias a la iluminación o los aparatos eléctricos que utilizamos. Sin embargo, en esta ocasión nos gustaría tocar otro tema interesante: ¿Es posible una reforma en el hogar para ser más eficiente?
Lo cierto es que sí y, además, es muy recomendable. Actualmente, cualquier persona que tenga en mente reformar un hogar, deberá pensar y planear qué medidas va a tomar para permitir que la vivienda se comporte de un modo más eficiente, ahorrando energía, consumiendo menos electricidad y, en consecuencia, contaminando menos el medioambiente.
Cada vez son más las compañías de construcción eficiente que nos pueden ayudar a conseguirlo. No podemos olvidar que, desde hace algunos años, para poder vender o alquilar cualquier vivienda, así como las de nueva construcción, es necesario presentar un certificado energético de la misma. La “A” es la mejor calificación y la “G”, la más baja.

Ahora llega la pregunta del millón: ¿Se puede ahorrar en el hogar con una reforma? La respuesta final sería sí, ya que, al aprovechar la obra para mejorar la eficiencia de nuestra casa, estaremos provocando que esta necesite menos aporte energético y, por consiguiente, ayudará al ahorro.
De hecho, se estima que una buena reforma en el hogar para ser más eficiente puede permitir que se alcance un ahorro energético que sea superior al 60%. Se trata de un dato notable y más que interesante.
Quizá otro punto de vista pueda ayudarte a entender la importancia de este asunto. Se estima que un piso de 90 metros cuadrados con calificación energética “G” gasta al año 1.300 euros. Esto supone hasta cinco veces más que una vivienda igual que posea una calificación B.

¿Qué reformas son las más eficientes?

Pero, ¿qué podemos y qué debemos cambiar en una reforma en el hogar para ser más eficiente? Lo más habitual y primordial suele ser la sustitución de ventanas, cambios en la instalación del agua caliente o también la mejora de los elementos de aislamiento térmico y acústico, como por ejemplo paredes, suelos, falsos techos o persianas.
Hay que tener muy presente que para lograr un espacio realmente eficiente, es preciso apostar por la calidad de los materiales instalados y la sustitución de aquellos antiguos que perjudiquen al comportamiento energético de una vivienda.


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